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viernes, 18 de abril de 2014

Servir (Jueves Santo)

  D. Federico nos sorprendió durante la homilía de ayer. "Ser cristiano es dejarse servir por Cristo", dijo. Parecía una frase traída por pura sofistería para hablar del Jueves Santo, pero ese oportunismo retórico me pareció impropio de nuestro párroco. Esa frase es la vuelta del revés de la ignaciana "en todo amar y servir a Su Divina Majestad"; sin embargo, por poco que se fije uno, la frase que tanto me sorprendió no es su revés, sino su sabio origen, su lógica causa. 
  Servir debe ser una emanación natural, una especie de efecto de rebosado de la acción de Cristo en uno. De Cristo sabemos que su acción en la Tierra es (ha sido y es) un puro servir al Padre y servir a los hombres: un puro perdonar, salvar y entregar, -hasta donar su vida joven-. El servicio, lo sabemos, no puede ser un acto voluntarista, cuando lo es no es sano sicológicamente hablando. Sólo la emanación alegre y confiada, la emanación por rebosado del servicio de Cristo en nosotros nos hace realmente más humanos, más imagen de Dios (si esto cabe), más completos sicológica y espiritualmente. Ser cristiano es dejarse servir por Cristo, porque esta es la única señal de que reconocemos la grandeza del servicio.




  

miércoles, 12 de febrero de 2014

Comentario a las lecturas de la misa del domingo


COMENTARIO A LAS LECTURAS DE LA MISA DEL 16 DE FEBRERO, 6º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Podemos ver las lecturas de la misa del próximo domingo en internet. La primera de estas lecturas está tomada del libro del Eclesiástico (15, 15-20), la segunda de la primera Carta a los Corintios (2, 6-10) y el Evangelio de San Mateo (5, 17-37).

Las dos primeras lecturas nos ponen en el telón de fondo de la sabiduría. Es sabio el que sigue sigue a Dios, y seguimos a Dios porque sabemos lo que nos conviene: "Si quieres guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad", dice el autor sagrado. Y San Pablo escribe a los Corintios: "Hablamos ... una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria".

Esa sabiduría es la que lleva a conocer la ley de Dios, y a seguirla voluntariamente. Jesús nos dice en el Evangelio: "No creáis que he venido a abolir la ley", y va aplicando la ley antigua de los judíos en el marco de la caridad. "Habéis oído que se dijo a los antiguos no matarás". Pero no se trata de sólo eso. "Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano".

Dios no impone a sus hijos la pesada carga de un catálogo de prohibiciones, sino que nos invita a la Caridad, quererle a Él y a todos nuestros hermanos, respetar nuestra condición de hijos de Dios en nosotros y en los demás.